martes, 13 de julio de 2010

Fiesta y costumbre: La Viga Wantuy

El 25 de junio fiesta costumbrista que subsiste hasta nuestros días en la Provincia de Acobamba, que en castellano quiere decir “cargar el tronco”, en este caso es para proveerse de combustible para los festejos de la fiesta patronal.
Como referencia histórica, manifiestan los paucarinos y andabambinos, que antes que existiera la carretera Huancayo – Ayacucho; ni aún el ferrocarril de Lima a Huancayo, las tropas de caballería e infantería obligadamente pernoctaban en esa zona para resguardar a la ciudad de Ayacucho, donde se selló la Independencia Americana.
En el itinerario del viaje de la tropa, Paucará era el lugar de descanso. Los moradores de Paucará así como los de Acobamba, tenían que constituirse con su “Varayoq” a la cabeza llevando combustible y víveres consistente en reses, carneros y varias cargas de leña, por lo que para evitar sorpresas, los comuneros por previsión ya tenían vigas secas traídas de las quebradas de Anco. Posteriormente las vigas no solamente servían para convertirlas en combustible sino para obras públicas o en todo caso para levantar arcos para la procesión del Santo Patrón, para la construcción o reparación de Iglesias, escuelas, o casas comunales. Cada “Varayoc” organiza la faena aprovisionándose previamente de coca, cigarrillos, tragos, merienda y chicha, la cordial invitación se hace a través de cánticos en quechua. En la víspera del viaje el “Varayoq” nuevamente efectúa el “Jayaku”, esta vez con acompañamiento de “Pincullo y Tinya”, recorriendo las calles y anotando el nombre de quienes van ha salir al día siguiente. Efectivamente el varayoq reúne en la plaza principal con sus familiares y allegados. Algunos “maqtas” disfrazados con piel y cabeza de venado cual coraza y casco los mismos que son decorados con cintas de diferentes colores y las muchachas adecuadamente ataviadas comienzan el viaje con los “varayoq” a la cabeza, al son de los pincullos, tinyas, cantos y “harawi”. La Juventud se entusiasma con dos o tres tragos que han saboreado, y para que el viaje no sea cansado cantan.
Llegado al lugar donde se hallara el material deseado; en medio de cánticos y trago; el árbol es cortado. Concluido con el acto ceremonial del corte del árbol; los jóvenes se alistan y preparan sus “kirmas” que consiste en atar y amarrar con gruesas sogas atravesadas por palos a la viga, con las mismas ramas; a una distancia de un metro y medio; los que son cargados por varones en un número de cinco o seis a cada lado, es decir por 10 o 12 parejas; naturalmente según el espesor y peso de cada viga. La parte delantera del árbol es atada con cabresto trenzado del cuero de toro que es jalada por las muchachas, iniciando el viaje al son de tinya, pitos, pincullus y el canto de las pasñas, vigorizados por el alcohol, chicha y coca. El viaje se realiza por caminos pedregosos, angostos y escabrosos. El sudor de los mozos es secado por las muchachas, quienes están atentas en recoger cualquier prenda que se caiga. La compañía de las pasñas les infunde más valor y aliento a los varones que rápidamente avanzan con su pesada carga.
La entrada al pueblo es muy ceremoniosa; cada uno de los “varayoq” ingresan montado sobre la viga, libando caña e invitando a los acompañantes, que luego de dar un recorrido triunfal, la viga es dejada en la plaza principal.


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